Ayer me planteé tres opciones. La primera, reparar el trasto. Eso quedó descartado cuando me puse a investigar (prefiero pagar a un tercero que andar jugando con el destornillador: es algo superior a mis fuerzas, como pedirle a un hetero que se ponga cachondo mirando a Boris Izaguirre, pero la tienda estaba cerrada...) y descubrí que la placa y el procesador estaban fritos. La segunda, era comprar un ordenador aún más caro que el anterior, con de dispositivos de refrigeración y seguridad y componentes de primeras marcas. O sea, subirse por encima de los dos mil quinientos euros. Claro, que eso mismo pretendía hacer la última vez, y mira como hemos acabado.
La tercera opción, y la definitiva, se presentó en el Carrefour. Iba a buscar un pack de cervezas, pero aproveché para tirar el ojo en la sección de ordenadores. Había un Acer con Athlon 3800, tarjeta GeForce 6100, 1 GB de RAM y 200 GBs de disco duro por 380 eurillos. Tardé dos segundos en llevármelo. Salvo por la RAM, y después de añadirle el antiguo disco duro, salgo ganando con el cambio. No podré jugar a los juegos de última hornada (tampoco tengo mucho tiempo para eso), pero si casca dentro de un par de años, lo habré amortizado de sobra.
Por cierto: ¿qué clase de invento infernal es el Windows Vista? Me pareció tremendamente cachondo que no me dejara acceder a mis propios archivos. Tardé cinco minutos en pasarme al XP. Ya se sabe que malo conocido...
0 comments:
Post a Comment