A lo que voy. La poesía no sólo un arte. Para el escritor novel, es un alimento básico, aunque no pretenda parir un sólo verso. Porque la poesía enseña una lección fundamental, que es la de usar el lenguaje con precisión, sencillez y elegancia. Muestra todo tipos de recursos, como la aliteración o la métafora, que son las herramientas necesarias para convertir una mera redacción en un texto literario.
Algunos ejemplos. El de una anáfora:
Salid fuera sin duelo,
salid sin duelo, lágrimas corriendo
(Garcilaso de la Vega)
El mar. La mar.
El mar. Sólo la mar. (Alberti)
Hipérbole:
Yace, en esta losa dura,
una mujer tan delgada
que en la vaina de una espada
se trajo a la sepultura
(Baltasar de Alcázar)
Prosopopeya:
oh prados y verduras,
de flores esmaltado,
decid si por vosotros ha pasado
(San Juan de Cruz)
Perífrasis:
tocando el tambor del llano.
(Lorca)
En ninguno de esos ejemplos, se rebusca el vocabulario, como gustamos de hacer los principiantes -miedo nos da decir "Lo que pasa en la calle", y preferimos recurrir a aquello de "los actos consuetudinarios que acontecen en la rúa". La belleza se busca y se encuentra en el lenguaje más sencillo, sabiamente manejado.
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