martes 16 de octubre de 2007

Inventando los porqués (2)

La ventaja de escribir en un blog, es que no hace te hace falta tener abuela. Desatas un área más o menos monstruosa de tu propia ego, y te quedas tan a gusto. Pero ayer planté un comentario que parecía excesivo, incluso para mí mismo. Eso de que los autores de Ciencia Ficción (póngase comllas y cursivas donde corresponda) podemos anticipar el futuro. No porque dude de mi afirmación sino porque tal cual, a palo seco, suena a sábana y cadenas. Es oportuno ampliar un poco ese comentario. Mirando al futuro.

Pongamos un ejemplo práctico. Los ordenadores, por ejemplo. Que serán más pequeñosy y veloces con el tiempo resulta obvio. Simplemente, basta seguir con el dedo la línea de progresión marcada desde los tiempos del ENIAC. Pero un autor de Ciencia Ficción se plantearía otro género de vaticinios. Más arriesgados, y sin miedo a que el tiempo pueda ponerlo en su sitio.

La necesidad de hoy, decía, es la solución de mañana, y uno de los grandes problemas de la informática es el caótico y poco fiable batiburrillo de hardware y software que conforman el panorama actual. Parece cantado que los sistemas del mañana seguirán un estándar, más o menos férreo, impuesto por leyes políticas o económicas. Los sistemas serán monolíticos y, de la misma manera que hoy tiras a la basura una placa fastidiada, en el mañana tirarás el ordenador entero a la basura, algo que quedará perfectamente justificado por su tamaño y su precio.

Yendo un poco más lejos, el cimiento mismo de la informática es la lógica binaria. Sin embargo, tal vez los sistemas del futuro se diseñen de acuerdo a principios totalmente distintos. De hecho, ahora mismo tenemos al alcance de la mano un método mucho más complejo y eficiente de almacenar información. Eso que llamamos ADN. Quizá los ordenadores del futuro sean de naturaleza orgánica, y funcionen de acuerdo a principios químicos.

Quizá no veamos ese tipo de ordenadores dentro de veinte años (o nunca, tal vez), pero estaría dispuesto a apostar que, allá por el 2020, los ordenadores domésticos serán sistemas cerrados y preconfigurados, como las videoconsolas contemporáneas, todos fabricados de acuerdo a un mismo estándar. Así mismo, aseguraría la extinción de los teclados y los ratones convencionales, en favor de sistemas más asequibles. Lo mismo que el monitor, que quizá pase a ser tan plano que acabe por desaparecer, sustituido por algún sofisticado sistema de proyección...

Todo esto es mojarse y, tal vez, exponerse al ridículo cuando pasen veinte años y alguien le de por repasar este texto. Pero quizá dentro de cincuenta o de quinientos, estos vaticinios se cumplan. Porque no es un problema de error o de acierto. Sino de tiempo.