viernes 5 de octubre de 2007

Soy un intruso

Cuando no eres un Ingeniero Superior, tienes que tener mucho cuidado por donde pisas. Hay muchos juanetes moviéndose ahí abajo, y ninguno admite disculpas. Si para colmo, no has visitado una clase de informática en tu vida, ni te cuento. Es como llevar los ojos vendados botas clavateadas en una discoteca naturista.

Resulta que no puedo decir que soy Analista Programador sin que algunas personas se molesten. No importa que lo diga mi contrato. Soy un intruso traído por la patera del oportunismo, que le está quitando el puesto a un verdadero informático.

Después de aguantar a un buen lote de superiores, licenciadísimos y expertos en sus respectivos campos, pero tan inútiles como cualquiera en todos los demás, estoy para pocas bromas. Pero no me gusta quitarles méritos a quien ha hecho el esfuerzo de sacarse una carrera, y puedo entender su frustración. Sin embargo, siempre me gusta preguntar a mis críticos si han hecho algo más, aparte de licenciarse. Porque las herramientas han crecido y se han diversificado a marchas forzadas, y ya no bastan los perfiles tradicionales para satisfacer la demanda.

En mi sector, las herramientas informáticas son sólo una pequeña parte del problema. Cuentan con entornos visuales, y rara vez necesitan de programación en alto nivel, salvo para plantar algún detalle. Distribuimos sistemas de gestión de activos diseñados por un tercero, y ese es el término fundamental de la ecuación. La logística. El mantenimiento. Las herramientas se aprenden a utilizar en una semana. Comprender todos los procesos y elementos implicados en algo tan aparentemente simple como una avería, necesitan meses de estudio y paciente análisis. Sólo así se consigue visualizar los futuros problemas a los pocos segundos de haber visto los diagramas de flujo propuestos por el jefe de proyecto en el periodo de implementación, y adelantarse a ellos.

Eso es lo que yo ofrezco. Cuando un cliente solicita un informe o un desarrollo, sé perfectamente lo que me pide y como lo quiere, porque conozco su área del terreno de juego, y estoy a tiempo de reconducirle por el buen camino si preveo malas sendas. Si me lío con una sentencia SQL o coloco mal una variable, es lo de menos. Son problemas que aparecen y se resuelven en menos de cinco minutos, mientras estoy sentado en mi mesa de trabajo. Mi objetivo es que, en un taller de mantenimiento, donde hay personal que tal vez no sepa ni encender el ordenador o hablar bien el castellano, la gestión se haga rápido y de manera correcta. Un cliente satisfecho renovará su contrato de soporte y, con suerte, pagará una indecente cantidad de pasta por actualizarse a una nueva versión.

Por eso soy analista programador. Y, francamente, me pagan muy bien. Si a alguien eso le molesta, sólo puedo pedir perdón por ser tan bueno en mi área. Cuando hacía exactamente lo mismo, con categoría de auxiliar y cobrando unos cuantos miles de euros menos al año, era igual de bueno y yo no le reprochaba nada a nadie, salvo a mi propia empresa.