Me han enseñado más los escritores montoneros que los grandes genios de la literatura. Aquellos vuelan a demasiada altura para que podamos estudiar sus matices, de ahí su valía. Aunque podamos desmenuzar su obra según criterios objetivos, siempre habrá algo etéreo e inalcanzable. Pero los textos de baratillo son tan burdos y evidentes, en cambio, que hasta el más primerizo de los escritores pueden localizar sus errores, y aprender a no imitarlos.
Yo siempre he sido un entusiasta de la literatura y el cine de bajo nivel. En muchas ocasiones, porque suele ser sinónimo de diversión. Si me dan a elegir entre lo último de Stephen King o un ladrillo con pretensiones de Nobel, lo tengo claro. Bastantes pajas mentales me hago a mi mismo para contemplar la de los demás.
sábado 3 de noviembre de 2007
Buenos y malos
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