Un buen relato se escribe mucho antes de sentarse delante del procesador de texto. Raramente se obtiene algo comestible sin tener muy claro a dónde queremos llegar ni por qué caminos. En el mejor de los casos, se caerán en encrucijadas imposibles de resolver. Por lo tanto, es necesario construir una base sólida, en la que podamos apoyarnos.
Esa fase previa puede ser más o menos exhaustiva, dependiendo de la entidad de nuestro relato. No es lo mismo parir un cuento de tres páginas que una novela de trescientas. Sin embargo, soy de la opinión que cualquier exceso en este sentido es positivo. Ese trabajo puede servir de referencia para textos futuros o puede dar ayudarnos a dotar de mayor entidad al que pretendemos escribir. Quizá la idea que pensábamos utilizar en un relato corto, tenga la solvencia suficiente para convertirse en un libro.
Uno de los primeros aspectos a desarrollar es el escenario. Es obvio que debemos conocer las localizaciones que luego intentaremos describir a nuestros lectores (un paso que se saltan incluso lo más ilustres Best Seller, sobre todo si les toca hablar de nuestro país...) Lo ideal es poder visitar esos lugares personalmente, con el libro de apuntes en la mano, pero también son válidas las fotografías o las descripciones realizadas por otros. No sólo debemos documentar el aspecto de esas localizaciones, sino también su historia. Un círculo de ladrillos desmoronados no nos dice nada, pero la cosa cambia si sabemos que son los restos milenarios de alguna civilización.
Pero no debemos limitarnos a amontonar la información. Debemos escribir nuestros propios apuntes, donde intentaremos hacer una descripción preliminar de esos escenarios y las sensaciones que nos sugieren. Ese material será muy útil en el futuro, cuando finalmente nos sentemos a desarrollar nuestro relato.
Si estamos escribiendo un relato fantástico, tal vez podamos pensar que lo tenemos más fácil, ya que tenemos plena libertad para inventarnos lo que nos apetezca. Pero no es cierto. En realidad, necesitaremos hacer un doble esfuerzo. Si por ejemplo digo "pirámide", "motel de carretera" o "Museo del Prado", todos sabemos de que estoy hablando. Pero no ocurre lo mismo con lugares imaginarios. Tenemos que transmitir al lector no sólo una mera descripción física, sino también su significado o trascendencia. Algo que es muy difícil si nosotros mismos no tenemos muy claro de qué estamos hablando. Para aportar un retrato convincente, deberemos construir nosotros mismos toda la documentación. Apoyarse en imágenes o historias de escenarios reales y, si fuera preciso, hacer nuestros propios dibujos o planos. Un ejemplo clásico de escenario fantástico bien construído es la Tierra Media de Tolkien. Evidentemente, no podemos dedicar toda nuestra vida a documentar un sólo escenario, pero podemos utilizar ese ejemplo como modelo.
El paisaje humano también debe ser documentado. Un escenario como el de la Inglaterra victoriana, por ejemplo, no se entiende fuera del contexto de su puritanismo religioso y su política colonial. Habrá muchos aspectos que podremos ignorar o sobre los que pasaremos de puntilla, evidentemente, pero en general debemos documentar el marco político, el religioso y el social, porque esas serán las fuerzas que condicionarán o estimularán nuestra trama y nuestros personajes. Un ejemplo excelente lo aporta Umberto Eco en su novela El nombre de la rosa. El oscurantismo religioso o el contraste entre las preocupaciones y el estilo de vida monacal y el del pueblo llano, resultan tan interesantes o más que la trama detectivesca que emprenden sus protagonistas.
El tercer asunto a tratar son los personajes. Una vez situados en su contexto físico y humano, hay que dotarles de su propia historia. Como en la vida misma, su carácter y lo que hacen o dejan de hacer, se apoya en una biografía previa. Para novelas de cierta identidad, yo suelo abrir un archivo para cada personaje relevante, donde consigno sus datos personales (nombre, edad, características físicas, parientes...) y sus atributos psicológicos. También desarrollo una biografía de su vida, más o menos extensa, prestando atención a los incidentes o anécdotas que luego puedan ilustrar algún comportamiento concreto en el desarrollo de la trama.
Las motivaciones de los distintos personajes, así como la relaciones que mantienen los unos con los otros, también deben incluirse en el lote. Esto tiene especial relieve a la hora de crear antagonistas creibles. Por lo general, descuidamos al malo de la película, más allá de su tendencia a entorpecer las acciones de nuestro héroe. En la vida real, lo que hace peligroso y temible a un Hitler o a un Stalin no es tanto su ansia de dominar y destruir, sino el apoyarse en una compleja red de medias verdades, intereses ajenos y elementos circunstanciales para ganarse la fidelidad de países enteros. En otras ocasiones, el atractivo puede estar en la ambigüedad. Un antagonista quizá lo sea sólo porque ese el punto de vista escogido por el narrador, y sostenga motivaciones tan legítimas (o turbias) como las del bando contrario. Esto es especialmente cierto en la narrativa histórica, donde un mismo ejército puede ser descrito como una horda de bárbaros salvajes (si los protas son romanos, por ejemplo) o como heroicos defensores de la libertad (si quien dirige la peli es Mel Gibson)...
Todo ese material se puede resumir en apenas medio folio si tenemos por delante un relato corto, o los varios centenares si proyectamos algo más denso. En cualquier caso, el objetivo es proporcionarnos un conocimiento profundo de la historia que vamos a narrar, y de cada uno de sus elementos. Todo el tiempo invertido se aprovechará luego, cuando no tengamos que detenernos a improvisar descripciones o intereses, con el peligroso riesgo de no saber por donde continuar o caer en la inconsistencia.
Como siempre, resumo en varios parráfos lo que necesitaría ser contado en medio centenar de folios. Ya habrá ocasión de desarrollar cada apartado en el futuro.
lunes 31 de diciembre de 2007
Proceso de documentación
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada