Se suele recurrir a Burroughs para justificar determinadas cosas. El nunca visitó Africa, y eso no le impidó recrearla en sus novelas. De la misma forma, los autores pertenecientes a otros géneros, pueden prescindir de viajar al espacio o cometer un crimen para relatar una cosa o la otra de manera convincente.
Según mi nada humilde opinión, ese argumento no es del todo válido. La fantasía es una herramienta poderosa, desde luego, pero sus raíces siempre andan necesitadas de tierra. Tolkien sólo pudo imaginar la Tierra Media después de leer la mitología existente o de comerse varias caminatas por los paisajes de mediados de siglo. La imaginación es una chispa, y en algunos casos puede ser muy intensa, pero no está de más aportarle algo de combustible.
Para la creación literaria, no hay conocimiento inútil. Cualquier tipo de dato, por superfluo que sea, puede tener cabida en un relato determinado. Por ejemplo, la deficiente jerga de un adolescente, incluyendo la de un medio escrito por Internet, puede resultar de provecho para retratar un personaje de características similares. Describir un paisaje, necesita de ciertos conocimientos sobre la flora, si es un entorno natural, o de arquitectura, si es urbano. No está de más tener algunas nociones de fisionomía a la hora de retratar un personaje. Etcétera y etcétera.
La mayor parte de esa información se quedará fuera del relato, evidentemente, pero ayudará a configurar la ilusión de realismo, evitando lagunas y meteduras de pata. Y, como recompensa adicional, suele ocurrir que tal conocimiento aporte nuevas ideas para enriquecer nuestra historia o crear otras.
martes 22 de enero de 2008
Mancharse las manos
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada