viernes 21 de marzo de 2008

Los lectores de Ebooks



No he tenido reparos a la hora de utilizar soportes ciertamente heterodoxos para leer un libro, como la diminuta pantalla de mi videoconsola portátil. Es una buen manera de llevar a cuestas cientos de libros, muchos de los cuales están ya descatalogados, y son prácticamente imposibles de encontrar salvo en formato electrónico. A cambio, se obtienen desventajas obvias. No es nada cómodo leer en esas condiciones, y menos en aparatos que no están especialmente diseñados para entenderse con con gran variedad de formatos.

Hace unos meses me hablaron de una alternativa, los llamados Reader Books. La verdad es que no me llamaron la atención, salvo por su escandaloso precio. 
No podía entender qué justificaba gastarse más de doscientos euros, al cambio,
en un trasto con pantalla monocroma y sin retroiluminación.

El secreto está en que no se trata de una pantalla convencional, sino de una tecnología completamente nueva, la llamada tinta electrónica. Leer en una de ellas es lo más parecido a hacerlo sobre un libro de verdad. Además, se trata de trastos especialmente diseñados para la lectura. Adios a esos sistemas que malamente entendían formatos más elaborados que el TXT, sobre todo si incluían imágenes.

Después de evaluar las distintas ofertas, me decanté por el Sony PRS 505. No se comercializa en España, así que tuve que mandarlo a pedir a Estados Unidos, vía Ebay. Unos 230 euros al cambio, que se inflaron en unos 40 más cuando los señores de aduanas comprendieron que soy un tipo con pasta y quisieron aligerármela un poquito.

Sin embargo, cuando encendí por primera el aparato, empecé a comprender en qué habían invertido el dinero. Incluso mirados muy de cerca, los caracteres que aparecen en pantalla son difíciles de distinguir de los impresos, ya que carecen de pixelados, luces o parpadeos. Es lo más parecido a leer un libro de verdad; una sensación que se reforzada por la inclusión de unas tapas protectoras de cuero.

Los archivos se pueden almacenar directamente en el dispositivo, o bien en una tarjeta de memoria. Se admiten la Pro Duo y las SD. Para transferirlos, se usa un programa que recuerda vagamente al I-Tunes de Apple, y que nos permite ordenar nuestros Ebooks por colecciones. Limitado en cuanto a posibilidades, eso sí, aunque suficientes.

La recarga de batería se efectúa mediante USB, aunque también es posible adquirir un adaptador. Sólo se consume energía al pasar de página, lo que asegura que pasará bastante tiempo entre recarga y recarga.

El PRS reconoce los formatos más habituales, como el DOC o el PDF. Sin embargo, no se termina de llevar muy bien con ninguno de ellos. Suele ignorar las imágenes que pueden acompañar a los DOCs o RTFs y, además, muestra los tamaños de fuente habituales (1o o 12) demasiados pequeños. Los PDFs, debido a su naturaleza, se muestran correctamente, pero dado que en pantalla se muestra la página entera, pueden ser imposibles de ller, salvo usando el zoom.

Afortunadamente, existe un programita llamado Book Designer que permite cambiar fácilmente de cualquier tipo de archivo de texto al formato nativo del Sony PRS, el LRF. A la larga, es más cómodo y rentable, ya que los archivos LRF pesan menos que su equivalente en DOC o PDF, y se muestran de manera óptima en el lector sin estropear el diseño original, incluyendo las posibles imágenes.

Una vez formateados y cargados nuestros archivos, el menú principal del lector nos permite acceder a ellos bien ordenados por autor, por título, por fechas o por colecciones. Adicionalmente, nos permite acceder a los controles de MP3 (sí, también admite la carga y escucha de archivos de música) y a las imágenes.

La carga de libros y el paso de página se realiza razonablemente rápido si hablamos de archivos LRF, incluso si hay imágenes de por medio. Existen botones para avanzar y retroceder de página (dos pares: uno en el extremo inferior izquierdo y otro a la derecha), así como una hilera de botones del 0 al 9, que permiten acceder rápidamente a cualquier acción de menú, así como seleccionar el número exacto de página al que queramos avanzar. Por defecto, el lector memoriza la última página de lo que estuviéramos leyendo, pero también nos permite establecer nuestras propias marcas de lectura pulsando un botón. Otro botón nos permite cambiar el tamaño de letra (pequeña,
mediana o grande)

¿Es un aparato perfecto? Posiblemente no. Debería ser más preciso y flexible a la hora de interpretar distintos formatos, por ejemplo, o en su defecto permitir realizar las conversiones oportunas desde su propio gestor, sin necesidad de recurrir a terceros. Tampoco es muy satisfactorio para visualizar imágenes (dicho de otro modo: leer cómics), tanto por presentarlas en una simple escala de grises, como por la poca flexibilidad y agilidad de sus sistema de zoom o rotación.

Ahora bien, salvados esos escollos, para lo que realmente interesa y está diseñado, la lectura de libros electrónicos, es intachable. Si me hubieran contado hace unos años que iba a poder llevar conmigo más de doscientos libros en el bolsillo, con todas sus portadas e ilustraciones, no me lo hubiera creído.